Los maestros del pensamiento 3. Krishnamurti

Es un error presentar a Krishnamurti como maestro del pensamiento: se negó de manera consistente a ser considerado maestro y no creía que el pensamiento, por sí solo, fuese una herramienta fiable para transformar la conciencia. Incluso el verbo transformar le era ajeno porque no significa más que “cambiar de forma”, y lo que Krishnamurti planteaba era dejar atrás, de una vez y por todas, el condicionamiento mental, no remozarlo, perfeccionarlo o cambiarlo por otro tipo de condicionamiento.  

Sin embargo, su estudio del lugar que el pensamiento ocupa en la generación de condicionamientos vitales es magistral, funcional. Al mismo tiempo, la función de ese discurso —que podemos llamar didáctico— caracteriza a alguien que no quiere ser mero observador. “Voy sembrando, tanto en la buena como en la mala tierra. Algunas semillas dan flores, otras se marchitan y mueren. Es la vida”, dijo en 1984.

Krishnamurti distingue la “realidad” de la “verdad”. El pensamiento genera realidad, es realidad. Por otra parte, “el pensamiento no puede crear un tigre”.  Si el pensamiento es limitado, entonces una salida es dada por la intuición. “La intuición”, dice, “no tiene nada que ver con el pensamiento”. Si la intuición es tocada por el pensamiento entonces es parcial. El pensamiento es temporal, pertenece al pasado, “la intuición no es producto del tiempo”.

La ilusión es, pues, realidad mas no verdad. “La verdad solo existe cuando existe la percepción, no el perceptor”. Krishnamurti quita importancia al “yo” que quiere, que desea algo todo el tiempo, algo que llama “mi” o “mío” y vuelve la mirada al yo del amor. “El amor está fuera del cerebro”.

 

Un erotismo tan radical no puede vivir dentro de un sistema. Todos los sistemas son decadentes, comportan “un factor de deterioro”. Intentar disminuir el deterioro, o controlarlo o decorarlo, sin intentar abandonar el sistema, es fuente del condicionamiento. “Solo existe libertad cuando no hay niguna reacción condicionada”. Krishnamurti habla de un animal muy distinto del humano que conocemos, de un animal no terminado sino en formación. Sin embargo, esa formación no es gradual sino instantánea. Como el relámpago de Heráclito, la intuición del universo que nos rodea no depende del tiempo.

“El tiempo es enemigo del hombre”. Probablemente no hay nada más sistemático que el tiempo, que es un campo de condicionamientos. Uno de los más frecuentes es el de la parcialidad o gradualidad. Nada puede alcanzarse ni crearse sino por un proceso, digamos, evolutivo. Se expone aquí una fragmentaciòn del ser que se torna perenne, endémica a la propia especie y a su hábitat. Y cuando la vida se fragmenta, se especializa. Tal vez por eso pregunte Krishnamurti, “¿Qué les ha sucedido a los seres humanos que se han dejado dominar por los especialistas?”

krishnamurti

Por ejemplo, el humanitarismo  es una especializaciòn dentro del sistema, dedicada a preservarlo, no a erradicarlo. Es como mejorar la esclavitud en vez de abolirla. “La única posibilidad es liberar al cerebro humano del condicionamiento”. No parcialmente: “ser completamente libres”. Libres de condicionamientos, se entiende, lo cual implica ser libre del condicionamiento de la libertad.

 

La meditación es, para Krishnamurti, el umbral, la puerta y el espacio de lo incondicionado. No hay método para entrar o salir. La meditación, asì como no está sujeta a un “cuándo”, tampoco está sujeta a un “cómo”. Mucho menos a un propósito. No es el reverso del mundo utilitario, porque entonces estaría sujeto a él. Es, para utilizar el título de Castaneda, una realidad aparte. Sin provecho.

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